2021, el año de la verdad para Feria Valencia

Es una institución inmensa, lugar de celebración de todo tipo de grandes eventos y una ventana para dar a conocer a Valencia al mundo exterior. Pero también es un gigante que se encuentra en pleno proceso de refundación y que, cuando comenzaba a levantar cabeza después de más de una década de bajada, ha sufrido de la peor forma posible las consecuencias de la pandemia de coronavirus. Es Feria Valencia, una de las principales empresas instituciones de la Comunitat y que supone para la administración a partes iguales tanto un dolor de cabeza por su gran tamaño como una oportunidad única para la economía valenciana.

Prueba de ello es que los números son gigantescos. Se trata de un organismo que, según el Instituto de Investigaciones Económicas (IVIE), genera una actividad de nada menos que 1.352,2 millones anuales por las ventas, renta y empleo y tiene un impacto de 647 millones, en torno al 0,58% del PIB de la Comunitat Valenciana. Estos datos no se explican sólo por la propia actividad, sino también por el gasto del más de medio millón de visitantes anuales, el negocio de los expositores y, en especial, el volumen de negocio que se produce.

Todas estas cifras, basadas en el volumen de negocio de 2018, saltaron por los aires como en el resto de sectores debido al coronavirus y amenazan el negocio no sólo para este año sino también para 2021 ya que la actividad podría ser mínima. En marzo se frenaron en seco los eventos de todas las ferias internacionales europeas y se tuvo que suspender en último momento un evento de la magnitud de Fimma-Maderalia, la feria internacional de Tecnología y Maquinaria del Mueble que se realiza de forma bienal y que se consideraba el segundo certamen más importante de todo 2020. Ya con la llegada del estado de alarma los aplazamientos, que en la mayoría de los casos se materializaron en cancelaciones, se fueron sucediendo sin parar. Las citas internacionales de Habitat, Textil-Hogar y Ecofira terminaron cayendo mientras que otras como Iberflora y Eurobrico apostaron por ediciones virtuales. Además, se aprobó un ERTE que afectó en torno a un 75% de la plantilla de algo más de un centenar de personas. Eso sí, la institución aprovechó este impás para volcarse en el proceso de digitalización con el objetivo de disponer de plataformas que en el futuro puedan complementar la actividad física.

«La pandemia nos ha pillado con el trabajo hecho»

El calendario de 2021 aún permanece en el aire y en este ejercicio es donde se juega la institución su futuro. Hablar sobre cómo será la situación sanitaria el próximo año es muy arriesgado pero todo apunta a que durante el primer trimestre no estará normalizada y parece ciencia ficción que se puedan celebrar fiestas como las Fallas. Las previsiones de Feria Valencia, en la línea del resto de grandes recintos europeos, es que en abril se pueda retomar la actividad y así poder salvar el ejercicio al celebrar certámenes como Cevisama, el de mayor magnitud del recinto, pese a que se necesitaría una inyección pública de en torno a tres millones. En la última reunión de la dirección también se puso sobre la mesa otra posibilidad, que durante todo 2021 no se pudieran celebrar grandes eventos. Esto sí que supondría un verdadero agujero contable que tendría que ser compensado con once millones de euros de dinero público, lo que lastraría duramente su imagen.

Recuperación

La pandemia azota la institución tras unos años de progresiva recuperación con un fuerte proceso de contención del gasto y búsqueda de nuevos ingresos. En el ejercicio de 2018, después de una década encadenando pérdidas millonarias, se pudo volver a la senda de beneficios. Una situación que, como se confirmó la semana pasada, casi se consiguió en 2019 ya que, aunque se evidenciaron pérdidas de dos millones por el proceso de reestructuración, la actividad ordinaria arrojó resultados positivos.

Las previsiones para 2020 pasaban por ingresar 26,5 millones y tener un resultado de explotación de 4,1 millones pero en la última reunión del patronato se actualizaron los datos. Ahora, se esperan 12 millones de facturación y una Ebidta negativa de 2,6 millones. Este golpe, pese a ser duro, no arrojará el peor resultado de los últimos años, ni mucho menos. Esto se debe a que se pudo celebrar Cevisama, lo que ayuda a que 2020 no sea un gran agujero. Una situación a la que ha contribuido que en julio se pudieron celebrar dos pequeños eventos y que estén programados otros dos hasta finales de año.

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