Nuevo golpe a la flota de veleros del narco

Uno de los veleros interceptados con hachís por la Guardia Civil en la operación Rigidity.
Uno de los veleros interceptados con hachís por la Guardia Civil en la operación Rigidity.

El que la sigue, la consigue. Es lo que debía pensar Gary, un británico con numerosos antecedentes, que lideraba una organización dedicada a introducir hachís en puertos españoles mediante veleros. Comenzó su actividad en 2015. Vio entonces la oportunidad de ganar dinero con el narcotráfico y viajó hasta Málaga para sentar las bases del negocio. No le salió del todo bien: la Guardia Civil incautó uno de sus mayores cargamentos. Lo intentó de nuevo en 2016, pero la mercancía tampoco llegó a puerto gracias a la labor policial. Entonces desapareció del mapa hasta que, en 2019, se le vio de nuevo por la Costa del Sol para reanudar la actividad. Fue su peor decisión. El tercer golpe policial, en Fuengirola (Málaga), fue el definitivo. Además de intervenir más fardos de hachís, lo agentes también consiguieron lo que llevaban buscando cinco años: detenerle.

Con él cayó también su banda de narcotraficantes, integrada por otras 30 personas de nacionalidad española, marroquí, inglesa y holandesa, que han sido arrestadas en Málaga (14), Cádiz (13), Granada (2) y Almería (1). En total, les interceptaron más de tres toneladas de droga.

A Gary se le detectó por primera vez en la Costa del Sol en 2015. La operativa del negocio que había ideado para su organización era relativamente sencilla: cargar hachís en veleros en mitad del Estrecho, esconderlos en dobles fondos, atracar las embarcaciones en puertos de buena parte de la geografía española y, con disimulo —a veces en bolsas deportivas— ir descargando la mercancía poco a poco para luego distribuirla. Evitaban así viajes a Marruecos que pudieran ser sospechosos y se alejaban de las potentes narcolanchas sobre las que, entonces, estaban puestos todos los focos (su uso privado no se prohibió hasta 2018). A pesar de la maniobra de distracción, en verano de aquel año, la Guardia Civil les asestó un duro golpe: interceptó a dos veleros cargados con 1.910 kilos de hachís que pretendían descargar a través del puerto deportivo de Sotogrande, en Cádiz. Se produjeron entonces las primeras tres detenciones.

Como cualquier empresa, este grupo de narcotraficantes consideró que pérdidas como esta forman parte del negocio. Así que continuaron con su labor. Pero un año después, en septiembre de 2016, la Guardia Civil detectó una nueva operativa. Esta vez en el puerto de La Alcaidesa, en la localidad gaditana de La Línea de la Concepción. Los agentes interceptaron allí tres nuevos veleros con 690 kilos de hachís y detuvieron a seis personas encargadas del transporte y la descarga de la droga. Entonces, Gary desapareció del mapa y la operación policial, denominada Rigidity —vocablo inglés que significa rigidez— se enfrió.

Cuando todo parecía que iba a quedar en un cajón, la Agencia Nacional contra el Crimen británica (NCA, por sus siglas en inglés) avisó en 2019 de que Gary había vuelto a las andadas en la Costa del Sol. Había viajado hasta allí desde Reino Unido para coordinar nuevos desembarcos de droga. La investigación desarrollada entonces detectó que su organización había empezado a mantener contactos con los puertos deportivos de Tarragona, Isla Cristina (Huelva) o El Ejido (Almería) buscando un amarre para sus veleros. Aunque, finalmente, se decidió por los que le pillaban más cerca: varios puertos de la costa de Málaga y otro en La Herradura (Granada). En ese proceso los investigadores detectaron también a dos mujeres holandesas que eran las encargadas de toda la operativa financiera de la organización.

En el pasado mes de marzo, Rigidity entró entonces en la recta final. Aquel mes, la Guardia Civil interceptó dos nuevos veleros —el Bevelle y el Maissey Star— que navegaban por aguas españolas con otros 666 kilogramos de hachís. La fase final de la operación —dirigida y tutelada por el Juzgado de Instrucción 1 de Marbella— se completó con registros en Estepona, Fuengirola, Motril, El Ejido, La Línea de la Concepción y San Roque. El balance final suma un total de 3.226 kilogramos de hachís intervenidos y 31 personas arrestadas.

La operación ha sido desarrollada por guardias civiles del Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga de la Guardia Civil de Málaga (EDOA), del Equipo de Contra el Crimen Organizado de la Unidad Central Operativa (ECO) y el Órgano de Coordinación de Operaciones contra el Narcotráfico (OCON SUR), con la colaboración de la NCA británica. Este trabajo se suma al que hace unas semanas desarrollaron agentes de la Policía Nacional y la Agencia Tributaria, que completaron en Las Palmas de Gran Canaria el mayor golpe en España al tráfico de hachís por vía marítima: intervinieron 35 toneladas de hachís en menos de una semana.

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