Música para el extraño cumpleaños feliz de Adrián

Adrián cumplió hace hoy una semana 23 años. Aquella mañana fue el protagonista de una extraña celebración. Sus padres, Benito y Ana, lo colocaron en su silla mirando hacia la puerta. Eran las 12.30 y los vecinos de la pequeña finca de seis viviendas donde reside se asomaron al rellano. Mario y Sergi, dos jóvenes del piso de arriba que tocan el piano y la trompeta, dieron la nota. De repente, un puñado de personas de todas las edades estaban cantando en su honor. Por unos minutos, el chico con parálisis cerebral fue plenamente feliz.

La idea surgió unos días antes, en uno de los reconocimientos ya cotidianos a los sanitarios. A las 20 horas, armados de sus instrumentos, Sergi y Mario le pusieron melodía al homenaje. «Desde nuestros balcones, mi mujer y yo lo hablamos con los padres de los chicos. Nos preguntaron qué canciones le gustan», explica Benito. Y en el momento señalado, el 23 de marzo le sacaron una sonrisa a Adrián al ritmo de ‘Cumpleaños feliz’ y ‘Mi familia’, de ‘Los payasos de la a tele’. «Esa le encanta. En cuanto suena él señala una foto que tenemos entrando a meta del Maratón de Valencia, porque sabe que durante la carrera la vamos cantando en algunos puntos de animación», comenta el padre.

Aquel instante de alegría fue un oasis dentro de una cuarentena que, si ya de por sí es tediosa para cualquiera, más aún en un hogar con personas que sufren discapacidad intelectual. «Quiero dejar claro que esta situación no es única, sino de cualquier casa donde reside un dependiente por parálisis cerebral u otra enfermedad rara», señala el padre, que vive extremando precauciones y observando de forma minuciosa a su hijo.

Benito siempre compara el nacimiento de Adrián como un viaje en el que, en pleno vuelo, le cambiaron el destino. La situación actual puede describirse como una turbulencia de las buenas. La primera decisión de la pareja fue que uno trabajaría y el otro debería quedarse en casa. «Nuestros hijos necesitan unas atenciones especiales y tienen visitas médicas constantes. No los puedes dejar con nadie», indica el padre, que es quien trabaja, de policía local en Valencia.

«Si antes teníamos medidas de higiene estrictas, ahora todavía más. Me he pasado la última semana patrullando por las tardes y, aunque llevas guantes y mascarilla, siempre existen riesgos. Cuando llego a casa, me desnudo literalmente en cuanto cierro la puerta», señala Benito: «La ropa va directamente a la lavadora y donde he pisado limpiamos con lejía. Voy inmediatamente a la ducha sin tocar nada».

Lo peor para Adrián, sin embargo, es que le hayan arrancado de sus rutinas. Acude a diario al centro de día de Meliana, uno de los tres que tiene abiertos Avapace y que ahora está cerrado mientras dure la cuarentena. «La asociación sí mantiene la residencia, con turnos para extremar las precauciones. El gran problema de estas personas es que no te pueden avisar cuando notan los síntomas», detalla el padre.

«Ellos lo están pasando mal. Adrián lo exterioriza con alguna travesura, pero hay chicos y chicas que están sufriendo trastornos de sueño. Se despiertan a las 4 de la mañana y hay que estar con ellos», señala Benito: «Mi hijo lo que peor lleva es que no podamos darle muestras de cariño».

Al otro lado del teléfono se escucha cómo saluda: «¡Hola, hola!». Las nuevas tecnologías son un aliado para familias con dependientes intelectuales. «Hacemos vídeollamadas y así puede ver a Sonia y Alejandro, su hermana y su novio… o a sus tíos y primos del pueblo con los que ya hace mucho que no coincide», detalla Benito. «Las personas como Adrián necesitan mucho cariño. Él siente devoción por su madre y la mira con ojos y sonrisas cómplices para que le abrace. Ahora no le damos besos y abrazos y resulta no lo entiende. Es complicado explicar a nuestros hijos la situación», añade.

Limpian a diario hasta casi caer en la obsesión y salen a comprar una vez a la semana. Si puede ser, cada diez días. «Si Adrián tiene las necesidades cubiertas, nosotros con abrirnos unos tomates y una lata de atún nos apañamos. Hay que extremar las precauciones», incide Benito, que también se escucha: «Al menor síntoma, me iría al médico». ¿Y qué haría si da positivo? Prefiere no pensarlo. Sí tiene claro el mensaje: «Quédate en casa. Si estas personas pueden, tú también».

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