El gran descuido de Mateo Alemany

Quien se lo iba a decir a un ‘tiburón’ de las finanzas futboleras que acabaría con el ‘corazón partío’ como entona Alejandro Sanz. Con cinco años menos que el cantante, Mateo Alemany Font (Andratx, 25-2-1963) -dicen quienes mejor le conocen- todavía no se ha repuesto del todo de su despido del Valencia, un club que le ha marcado mucho más de lo que él mismo podía imaginar. Este fin de semana se han cumplido tres años desde que la entidad de Mestalla anunciara oficialmente su fichaje como director general. Ahora, cuentan desde la isla, a Alemany se le ve casi todas las tardes entrar en el domicilio de sus padres para colaborar junto con su hermana en su cuidado. Pero a sus más allegados continúa transmitiéndoles cierta sensación de desesperación por no haber podido mantener vivo el proyecto blanquinegro que construyó y que acabó con la Champions consolidada y una Copa en las vitrinas.

Fue en ese momento, el de la efervescencia del título, el que no supo aprovechar para plantear a Peter Lim la renovación de su contrato. Lo llegó a meditar pero le pudo la confianza. Su vinculación con el Valencia terminaba este 30 de junio pero es obvio pensar que si Alemany hubiera pulsado la tecla, el máximo accionista hubiera accedido seguramente a su petición. De tres en tres. Y con tres años más de contrato atados, es casi imposible imaginar que hoy Alemany estuviera en Palma de Mallorca viendo con nostalgia y hasta cierta rabia los inciertos pasos que ha dado y está dando el Valencia en algunas cuestiones.

Si Lim tardó casi cuatro meses en despedirle (desde que en agosto le reiteró su confianza hasta que en noviembre lo ejecutó), con esa renovación firmada el Valencia seguiría siendo pilotado por el mallorquín. En cambio, la situación actual es que Alemany sigue sin poder comprometerse con ningún otro club hasta junio. Ese día quedará liberado de esa exclusividad y es probable que alguna de las propuestas que se han aireado cristalicen. Que se sepa, encima de la mesa ha llegado a tener dos firmes proposiciones pero de clubes con proyectos que no le han acabado de convencer.

Alemany llegó al Valencia después de que en dos años, por el club hubieran desfilado cinco entrenadores, tres directores deportivos y hasta un presidente ejecutivo como Amadeo Salvo. Su aportación fue decisiva en la reconversión del Valencia. Dio estabilidad al proyecto deportivo y se ganó terreno a la habitual inestabilidad social que siempre ha vivido el valencianismo. La mejora de resultados fue más que evidente, de la mano también de Marcelino, al que puso tumbando así la apuesta de Alesanco que era la de Quique Setién.

Hasta el verano de 2019. Algo cambió en Singapur. Los celos, la desobediencia aparente de la Copa en la eliminatoria de Getafe -es la versión de Marcelino- o el simple deseo de Lim de manejar él mismo el club del que es dueño casi absoluto fueron argumentos que acabaron apartando a Alemany de las decisiones. En agosto, en Singapur, le dijeron que nada iba a cambiar, pero a las tres semanas se enteró casi por la prensa de que Peter Lim iba a vender a sus espaldas a Rodrigo. Así se funciona.

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