El caos obliga a medidas extremas: pacientes en Valencia se hacen ellos mismos la prueba

En dos semanas, el manual para realizar una prueba de coronavirus ha pasado de ser casi un protocolo propio de la NASA a un hágaselo usted mismo. Detrás de este cambio de modelo no hay otra razón que la falta de material –equipos de protección individual (EPI)– para unos sanitarios que multiplican sus esfuerzos y batallan como pueden en el caos general. Hace dos semanas, un sanitario que llegaba a un domicilio particular para realizar una prueba lo hacía con una bata, unas gafas de protección, doble guante de nitrilo, gorro, mascarilla –si tenía suerte una FFP2 o FFP3 que protegen del contagio– y protección para los pies. Además, a la entrada dejaba un empapador para desinfectarse y desechar todo el material utilizado durante la realización de la prueba. Un protocolo de manual para protegerse de un posible contagio. La prueba al paciente, en este caso para saber si era negativo y había superado la enfermedad, era un doble exudado nasal y de garganta además de una extracción de sangre.

El coronavirus ha descosido las costuras de la Sanidad, entre ellas la valenciana. La gestión no está acorde a la multiplicación de los esfuerzos de miles de sanitarios que dejan a un lado su salud personal para salvar todas las vidas que pueden cada día. Pero ante la falta de medios de protección hay que adoptar casi medidas a la desesperada para salvar el poco material que tienen o al menos intentar que dure lo máximo posible.

Si hace dos semanas la prueba se hacía bajo unas estrictas medidas de seguridad para sanitarios y paciente, el relato ha cambiado hasta renglones inesperados. Ayer mismo, un paciente positivo confinado en casa para saber si ya está curado se tuvo que realizar el test él mismo. La pareja de sanitarios que acudieron a su domicilio no cruzaron por debajo del dintel de la puerta. «Por fin han venido a realizarme la prueba pero la verdad es que me he quedado muy extrañado de que no hayan entrado en mi casa. Me han explicado lo que tenía que hacer. Han tocado a la puerta, han dejado el kit en el suelo y lo he recogido. Los bastoncillos me los he pasado por dentro de la nariz y por la garganta. He intentado hacerlo lo mejor posible imitando lo que me hacían en el hospital cuando estaba ingresado», explica este paciente que recibió el alta hospitalaria al ser positivo asintomático tras superar la parte más complicada del coronavirus.

La prueba es sencilla pero hay que saber hacerla. Pacientes que han superado la enfermedad apuntan que les han realizado los test de distinta manera. Una de ellos era la introducción de un bastoncillo largo por la nariz para que hiciera curva hasta la garganta. Un método mucho más molesto que el otro que toma la muestra por separado de nariz y de garganta.

«He cogido los bastoncillos, me los ha pasado a conciencia por la nariz y por la garganta y los he metido en los tubitos siguiendo las indicaciones que me han dado los sanitarios», señala este paciente, que ha necesitado de ingreso hospitalario y que termina su recuperación en casa con la idea de que esta prueba por fin sea la de primer negativo y definitivo. «He hablado con mi médico de cabecera después para explicarle lo que me había pasado. Se ha extrañado al principio pero ha entendido la situación especialmente por el objetivo de preservar el máximo material de protección posible ante la escasez de elementos», señala este paciente que reconoce que tiene cierto temor a que el resultado salga nulo por si no ha seguido el procedimiento de manera correcta para recoger la muestra. A la escasez de pruebas se une la falta de material básico. Entrar en cada domicilio significa inutilizar equipos de protección, ahora mismo un metal precioso.

Muchos pacientes positivos diagnosticados o sintomatología preocupante esperan en su casa a la llegada de una prueba. La prioridad son los graves y muchos de los que han pasado el virus de manera leve saben de boca de Sanidad que no es descabellado que se queden sin prueba de negativo final porque no son pacientes prioritarios.

Una de las historias más surrealistas es la que sufrió un vecino de l’Horta Nord para someterse a la prueba y saber si por fin era negativo. El fin de semana del 7 y 8 de marzo empezó a encontrarse mal y se sometió a la prueba. Los resultados arrojaron el positivo. De inmediato se aisló en una segunda residencia alejado de su familia y pasó la enfermedad siguiendo al cien por cien el protocolo de confinamiento. No salió de casa ni una sola vez. Los primeros días fueron los más complicados dentro de un cuadro leve por coronavirus. Durante la segunda semana le informaron de que en unos días pasarían por su domicilio para realizarle la segunda prueba para ver si daba negativo.

«La sorpresa me la llevé cuando me llamaron y me dijeron que no iban a venir a casa sino que tendría que acercarme yo a urgencias para que me hicieran el test», explica. Ante el nuevo protocolo, este infectado por coronavirus, uno de los primeros casos oficiales en la Comunitat, tuvo que romper el aislamiento, salir de su casa y ponerse al volante de su coche para desplazarse al centro sanitario. «Me dijeron que llevara mascarilla y menos mal que tenía una en casa», apunta.

La tragicomedia continuó en el recinto sanitario. «En un primer momento pensaban que me había presentado allí para la primera prueba por si era positivo, después me llegaron a confundir con un sanitario. Cuando ya lo expliqué todo y di mis datos, me hicieron la prueba, me marché a casa y a los dos días me dieron el negativo», termina.

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