Sánchez logra que el Congreso apoye prorrogar el estado de alarma pero no se libra de la crítica

Pedro Sánchez logró ayer el respaldo del Congreso para mantener el estado de alarma hasta el 11 de abril, pero eso no quiere decir que las fuerzas parlamentarias se mostraran conformes con su gestión de la crisis sanitaria, económica y social generada por la pandemia del COVID-19. Esquerra, hasta hace unas semanas socio preferente, volvió a situarse entre los grupos más críticos. Y la intervención del presidente del PP, Pablo Casado, fue, entrada la noche, una enmienda a la totalidad que dejó atrás la contención en los reproches de la primera semana de confinamiento.

La única tregua fue la de la votación. Durante el debate, el líder de la formación conservadora acusó al Gobierno de ineficacia, de no responder «a la altura» de los esfuerzos solicitados, de «negligencia grave» al autorizar la manifestación del Día Internacional de la Mujer sin pedir después «perdón» y de «incapacidad» en la adquisición de material sanitario. «Honestamente –le responsabilizó de la escasez de recursos–, esto ya es imperdonable».

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Volvió a anticipar, además, Casado que el PP exigirá responsabilidades pasada la emergencia. Pero tampoco en plena crisis se reservó la crítica. «Estamos de luto –dijo–. Esto no va bien». Reclamó que las banderes ondeen a media asta, que se celebre en el futuro un funeral de Estado y se eleve un monumento en Madrid. Vox, mientras tanto, solicitó a Sánchez el cese de Pablo Iglesias.

No presentó, sin embargo, el PP ni una sola enmienda al decreto de estado de alarma, que definió como un «estado de excepción encubierto». Pese a que el lunes respaldó la propuesta de Murcia de suspender toda la actividad económica no esencial y la consideró una medida evaluable según las necesidades de cada comunidad, no formó parte de las demandas del PP. Sí, en cambio, de la izquierda.

Medidas más drásticas

Esquerra no sólo presentó una resolución para endurecer las condiciones del confinamiento al que España lleva ya sometida once días, sino que se resistió a apoyar la prórroga y optó por la abstención, lo mismo que EH-Bildu. Su portavoz, Gabriel Rufián, insistió, de hecho, en la exigencia de que se suspenda toda actividad empresarial e industrial salvo la referida a servicios básicos. Pero además exigió medidas de apoyo económico a familias, pymes y autónomos mucho más contundentes que las ya adoptadas.

En su intervención, el jefe del Ejecutivo, justificó, sin embargo, sus decisiones y volvió a apelar a la necesidad de que las fuerzas políticas actúen con «unidad y lealtad». En un mensaje a aquellos que en las últimas semanas le han pedido que haga aún más extremas las medidas de aislamiento –ayer prácticamente toda la izquierda, pero en la última semana también presidentes autonómicos de distinto signo político como el catalán Quim Torra, el murciano Fernando López Miras o el castellano-manchego Emiliano García Page–, Sánchez subrayó que para que los supermercados tengan víveres y las farmacias medicamentos es necesario que se mantengan otras actividades económicas. «Es preciso utilizar el bisturí para no amputar ningún nervio de nuestro organismo social que comprometa el propio sostenimiento de la población confinada o la ulterior recuperación. Y eso –insistió– nos obliga a buscar un muy difícil equilibrio».

Obtuvo el respaldo de sus socios de Unidas Podemos, aunque el portavoz, Pablo Echenique, le pidió volver a evaluar la situación si las medidas para doblegar la curva de contagios se demuestran insuficientes. Sánchez, por su parte, se mostró dispuesto a atender algunas de las propuestas y ofreció convertir la comisión de Sanidad en el Congreso en una comisión de seguimiento del desarrollo del estado de alarma.

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