Una vuelta de tuerca en el desafío de figuras españolas al borde de la retirada

Alejandro Valverde cumple 40 años dentro de un mes; Pau Gasol, en julio; Laia Palau ya los tiene; Jesús Ángel García Bragado celebrará los 51 en octubre. Para entonces el marchador madrileño afincado en Sant Adrià del Besós (Barcelona) pensaba haber ampliado ya su extraordinaria plusmarca de excelencia y longevidad, y haber pasado en Tokio la última página de su carrera con sus octavos Juegos. El aplazamiento de la cita hasta 2021 obliga a modificar los planteamientos de todos los deportistas que están en la onda olímpica, pero en los casos de varios portaestandartes del deporte español la nueva agenda les obliga a forzar la máquina hasta límites insospechados. Se encuentran en el confín de sus carreras, allí donde cada año se les hace mucho más largo que los 365 días que pasan para cualquiera de sus rivales y compañeros.

Su situación, además, es de lo más peculiar esta temporada. Valverde, deseoso de quitarse la espina en los que pueden ser sus quintos Juegos Olímpicos, se ha encontrado inmerso de pleno en los avatares provocados por los efectos del coronavirus. Competía en el Tour de los Emiratos cuando la carrera se suspendió el 1 de marzo después de que dos auxiliares dieran positivo en el test de la Covid-19. Tuvo que estar en cuarentena en un hotel de Abu Dhabi, al igual que los 133 ciclistas y 34 auxiliares de ese pelotón. Su calendario incluía una pausa para volver a las carreteras en la Volta, el 23 de marzo, pero desde hace varios días la hoja de ruta del ciclismo mundial ha saltado hecha pedazos.

García Bragado tuvo que abandonar el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat el 14 de marzo después de que se detectara un positivo por coronavirus en un miembro del personal sanitario. Su preparación ha sufrido un grave trastorno por el confinamiento al que está obligado, como todos. Intentó marcharse a Font Romeu, Francia, pero también allí la Federación Francesa prohibió los entrenamientos en grupo.

Pau Gasol lleva más de un año dándole vueltas a la lesión en el pie izquierdo que apenas le ha permitido disputar 30 partidos en las dos últimas temporadas. Su objetivo era volver a jugar y, sobre todo, competir en los que serían sus quintos Juegos Olímpicos. El retraso de la cita, en su caso, es un arma de doble filo. La edad pesa, pero un año más de espera le puede permitir recuperarse sin estar tan agobiado por la inminencia de la cita si se hubiera celebrado a partir del 24 de julio.

Laia Palau cumplió 40 años en septiembre, un año después de haber levantado el trofeo que acredita a España como campeona de Europa. En febrero, en China, dirigió una vez más a la selección que logró el pasaporte olímpico para Pekín. Su idea era haberse retirado después de los Juegos de Río, luego se le repensó y decidió que lo haría tras el Eurobasket de 2017, al mismo tiempo que se jubilaba su madre. Pero, tras una experiencia en Australia, decidió prorrogar su carrera y en esas está. Todo parecía que estaba destinado para que Tokio 2020 fuera su adiós definitivo coincidiendo con su 41º cumpleaños. Ahora, su reto será alargar un año más su carrera para estar en condiciones de ser seleccionada por Lucas Mondelo para seguir llevando el timón de la selección.

Culminación para los campeones

La medalla de oro que obtuvo en enero en el Europeo celebrado en Estocolmo la selección de balonmano supuso la mejor reivindicación para todos sus componentes, aunque para varios de ellos supuso algo más, la culminación a sus largas y brillantes carreras con la clasificación para Tokio. Raúl Entrerríos, a los 39 años, había planificado su retirada tras la disputa de los Juegos en 2020. Ahora, deberá plantearse de nuevo la situación. El central del Barcelona iba a pasar a ocupar algún cargo en el organigrama del club azulgrana. El aplazamiento de los Juegos lo cambia todo, al igual probablemente que para varios de sus compañeros de generación en la selección española: Aginagalde (37 años), Viran Morros (36), Sarmiento (36) o Gedeón Guardiola (35).

Saúl Craviotto esperaba con especial ilusión Tokio 2020, donde, a los 35 años, iba a participar en sus cuartos Juegos y además, todo parecía indicar que iba a ser el abanderado de la delegación española. “Llevo cuatro años luchando para una cita que para mí es muy importante”, afirma desde el lugar donde se encuentra intentando no perder la forma a pesar del confinamiento. La situación del país no deja de ser, si cabe, un acicate más para el doble campeón olímpico de piragüismo. “Lucharé como nunca por intentar darle una alegría a este país”, se conjura Craviotto.

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